El compromiso hacia los demás (19/11/09)

Muchas veces pensamos que dar una limosna es un acto de solidaridad y que refleja toda nuestra ayuda hacia el más necesitado. Quizá es el gesto más fácil de realizar ya que lo que cuesta sacrificio no lo hacemos muy a menudo.
En la situación de vida en la que nos encontramos -una posición económoca relativamente estable- nos es más factible dar dinero o una donación a quien más lo necesita. Es más fácil sacar un sol o quizá más para entregárselo a un mendigo o a un niño que vende caramelos en la calle hasta tan altas horas de la noche. Pero no nos hemos puesto a pensar que quizá lo más significativo y aquello que le servirá más en el futuro, a una persona de escazos recursos, son las habilidades y capacidades, así como el tiempo que podamos darles, ya que muchos de nosotros que hemos tenido la oportunidad de estudiar -incluso los que están estudiando actualmente- podemos entregar aquello que hemos aprendido durante algún tiempo.
Por ejemplo, cuánta falta hace en las zonas altamente vulnerables profesores que refuercen materias como las de matemática, comunicación o historia. También se necesita que aquellos que tengan conocimientos de arquitectura o ingeniería puedan compartir sus habilidades ayudando a construir pequeñas edificaciones que ayuden a las personas a tener una mejor calidad de vida.
No podemos ser indiferentes ante un grupo de personas que no han tenido las oportunidades en la vida para prosperar o, en todo caso, si las tuvieron y no las supieron aprovechar es hora de hacerles tomar conciencia de su situación y ser generadores de más oportunidades para que, en algo, ayudemos a combatir la pobreza que afecta a tantas personas. ¿Estás dispuesto a dar tu tiempo y habilidades?